El caso que partió el alma de un barrio entero volvió a encender la rabia esta semana, luego de que el hombre que asesinó a Tony, el perrito...
El caso que partió el alma de un barrio entero volvió a encender la rabia esta semana, luego de que el hombre que asesinó a Tony, el perrito adoptado por toda la cuadra, quedara en libertad tras la audiencia. Pese a que él mismo reconoció que el animal ni lo mordió, ni lo tocó. Aun así, jaló el gatillo sin una razón que justificara semejante brutalidad.

¿Qué pasó ese día?
La tragedia ocurrió el sábado 23 de agosto, en la carrera 17 con calle 2, justo detrás de la Clínica Comfamiliar. Tony, un perrito noble, querido y cuidado por todos, al que le daban comida, le construyeron su casita y hasta lo consideraban el “vigilante” del sector, estaba echadito en la esquina cuando apareció Jorge Andrés Marín Henao, quien al parecer es un militar activo y estaría adscrito al Batallón de Pereira.
Tony hizo lo que hace cualquier perro del barrio, ladró. Solo ladró. Un vecino incluso le dijo al hombre que “tranquilo, ese perro no muerde a nadie”. Pero eso no bastó. Marín Henao, sin un rasguño, sin amenaza real y sin que el animal lo tocara, desenfundó su pistola y le disparó a quemarropa. El perrito cayó muerto en el acto. Él, como si fuera la cosa más normal del mundo, guardó el arma y entró a su casa.
La Policía llegó, acordonó, y el CTI realizó la inspección. Como no había flagrancia, el agresor no fue detenido en ese momento, pero la investigación por maltrato animal agravado comenzó.
La audiencia
En sala virtual, Jorge Andrés Marín Henao jamás mostró la cara. Se conectó, habló, pero nunca encendió la cámara. Aun así, la Fiscalía dejó claro que al hombre se le imputó el delito de maltrato animal agravado por causar la muerte.
La Fiscalía recalcó que él sabía perfectamente la letalidad de un arma 9 mm, más aún siendo, al parecer, militar activo, no tenía ni un arañazo, ni una mordida, ni una marca que justificara un disparo y que él mismo admitió en sala que el perro no lo atacó.
Pero el juez manifestó que no podía demostrar si actuó por ira, miedo, impulso o cualquier emoción, y que no había claridad de si fue una “defensa” o un acto de intolerancia, así que decidió dejarlo en libertad mientras avanza el proceso, (nunca estuvo preso).
La Fiscalía anunció que interpondrá recurso de apelación, insistiendo en que fue un uso irresponsable y desproporcionado de un arma letal en vía pública, que terminó en la muerte de un ser vivo indefenso.
La Ley Ángel
La Ley 1774, conocida como Ley Ángel, reconoce a los animales como seres sintientes y castiga con cárcel los actos de crueldad que les causen dolor, lesiones o la muerte. En casos agravados, como este, la pena aumenta.
Dato
Además, Tony no era “un perrito callejero”. No tenía un dueño fijo, pero sí tenía muchos corazones que lo adoptaron, era el consentido del barrio. Los vecinos le habían construido una casita en la esquina de una vivienda, y él dormía ahí todas las noches porque sabía que ese rinconcito era suyo, su hogar, su refugio.

¿Qué pasó ese día?
La tragedia ocurrió el sábado 23 de agosto, en la carrera 17 con calle 2, justo detrás de la Clínica Comfamiliar. Tony, un perrito noble, querido y cuidado por todos, al que le daban comida, le construyeron su casita y hasta lo consideraban el “vigilante” del sector, estaba echadito en la esquina cuando apareció Jorge Andrés Marín Henao, quien al parecer es un militar activo y estaría adscrito al Batallón de Pereira.
Tony hizo lo que hace cualquier perro del barrio, ladró. Solo ladró. Un vecino incluso le dijo al hombre que “tranquilo, ese perro no muerde a nadie”. Pero eso no bastó. Marín Henao, sin un rasguño, sin amenaza real y sin que el animal lo tocara, desenfundó su pistola y le disparó a quemarropa. El perrito cayó muerto en el acto. Él, como si fuera la cosa más normal del mundo, guardó el arma y entró a su casa.
La Policía llegó, acordonó, y el CTI realizó la inspección. Como no había flagrancia, el agresor no fue detenido en ese momento, pero la investigación por maltrato animal agravado comenzó.
La audiencia
En sala virtual, Jorge Andrés Marín Henao jamás mostró la cara. Se conectó, habló, pero nunca encendió la cámara. Aun así, la Fiscalía dejó claro que al hombre se le imputó el delito de maltrato animal agravado por causar la muerte.
La Fiscalía recalcó que él sabía perfectamente la letalidad de un arma 9 mm, más aún siendo, al parecer, militar activo, no tenía ni un arañazo, ni una mordida, ni una marca que justificara un disparo y que él mismo admitió en sala que el perro no lo atacó.
Pero el juez manifestó que no podía demostrar si actuó por ira, miedo, impulso o cualquier emoción, y que no había claridad de si fue una “defensa” o un acto de intolerancia, así que decidió dejarlo en libertad mientras avanza el proceso, (nunca estuvo preso).
La Fiscalía anunció que interpondrá recurso de apelación, insistiendo en que fue un uso irresponsable y desproporcionado de un arma letal en vía pública, que terminó en la muerte de un ser vivo indefenso.
La Ley Ángel
La Ley 1774, conocida como Ley Ángel, reconoce a los animales como seres sintientes y castiga con cárcel los actos de crueldad que les causen dolor, lesiones o la muerte. En casos agravados, como este, la pena aumenta.
Dato
Además, Tony no era “un perrito callejero”. No tenía un dueño fijo, pero sí tenía muchos corazones que lo adoptaron, era el consentido del barrio. Los vecinos le habían construido una casita en la esquina de una vivienda, y él dormía ahí todas las noches porque sabía que ese rinconcito era suyo, su hogar, su refugio.
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