A Andrés Felipe Correa Peláez la vida se le fue de un golpe, un golpe seco, violento, que lo dejó tendido en el pavimento. Tenía apenas 23 a...
A Andrés Felipe Correa Peláez la vida se le fue de un golpe, un golpe seco, violento, que lo dejó tendido en el pavimento. Tenía apenas 23 años y regresaba de cumplir una de esas promesas de hermano: llevar al aeropuerto a su pariente que viajaba a México, sin imaginar que él también emprendería un viaje, pero sin regreso.

¿Qué pasó?
Eran las 10:40 de la mañana del miércoles 16 de julio, cuando Andrés Felipe regresaba en su motocicleta color negra por la vía a La Florida; en el kilómetro 5, sector conocido como La Arenera, según contaron testigos y habitantes del sector, en la carretera estaba estacionada una camioneta blanca de estacas, de placa PFS028, aparentemente descargando ganado. No tenía conos, ni señalización. No tenía advertencias.
Andrés Felipe se movilizaba en una motocicleta negra de placas LEN80G y, al encontrarse con el vehículo detenido, sin otra opción ya que se trataba de una curva, invadió el carril contrario para esquivarlo; justo en el momento bajaba del corregimiento de La Florida un vehículo de servicio público tipo campero, de placa UWJ997 color verde, con el cual chocó de frente.
El impacto fue brutal. El yip le pasó por encima a la motocicleta más no por encima del joven, y Andrés Felipe recibió fue un fuerte golpe en la cabeza con el carro, que lo hizo caer de la moto y le causó la muerte de manera instantánea.

¿Qué pasó?
Eran las 10:40 de la mañana del miércoles 16 de julio, cuando Andrés Felipe regresaba en su motocicleta color negra por la vía a La Florida; en el kilómetro 5, sector conocido como La Arenera, según contaron testigos y habitantes del sector, en la carretera estaba estacionada una camioneta blanca de estacas, de placa PFS028, aparentemente descargando ganado. No tenía conos, ni señalización. No tenía advertencias.
Andrés Felipe se movilizaba en una motocicleta negra de placas LEN80G y, al encontrarse con el vehículo detenido, sin otra opción ya que se trataba de una curva, invadió el carril contrario para esquivarlo; justo en el momento bajaba del corregimiento de La Florida un vehículo de servicio público tipo campero, de placa UWJ997 color verde, con el cual chocó de frente.
El impacto fue brutal. El yip le pasó por encima a la motocicleta más no por encima del joven, y Andrés Felipe recibió fue un fuerte golpe en la cabeza con el carro, que lo hizo caer de la moto y le causó la muerte de manera instantánea.
Lo reconoció su propio hermano
La escena fue aún más dolorosa cuando, minutos después, uno de sus hermanos mayores pasó por el lugar, ya que iba rumbo a su trabajo. Se bajó curioso, a ver qué había pasado y entre la confusión y el caos reconoció la moto de Andrés Felipe. Se acercó y el mundo se le vino abajo: era su hermano menor quien estaba sin vida sobre el asfalto. Una hora después llegó el padre de Andrés Felipe,corrió, empujó a las personas que intentaron detenerlo, miró y lo vio allí, sin vida, con los ojos cerrados, rodeado por un lago hemático. No lo podía creer. Lo abrazó, lo gritó, lo lloró. Aún tibio, pero ya sin aliento.
Tras el trágico accidente de tránsito, las autoridades policiales llegaron al lugar para asegurar la escena, mientras funcionarios de tránsito efectuaron el croquis del accidente, levantaron el informe oficial e inmovilizaron los vehículos involucrados, los cuales fueron llevados a los patios mientras se adelantan las investigaciones correspondientes.
El grupo de criminalística del Instituto de Movilidad de Pereira realizó la inspección técnica del sitio y del cuerpo de la víctima, que fue trasladado a Medicina Legal para los procedimientos forenses.
Su vida
Andrés Felipe era el menor de siete hermanos, un joven de campo, trabajador. En el día laboraba como agricultor, y en las noches, se convertía en DJ, muy conocido en Pereira. Estaba enamorado, feliz. Su novia le había comprado un tiquete para que viajara a España a reencontrarse con ella. El vuelo estaba programado para el 7 de agosto, el día de su cumpleaños. Vivía en el corregimiento de La Florida con su familia, quienes hoy no entienden cómo la vida se les fue de las manos en segundos. Lo recuerdan alegre, amiguero, buen hijo y noble. Ahora solo queda el vacío, el silencio en la casa, y una maleta que nunca se va a desempacar.
La escena fue aún más dolorosa cuando, minutos después, uno de sus hermanos mayores pasó por el lugar, ya que iba rumbo a su trabajo. Se bajó curioso, a ver qué había pasado y entre la confusión y el caos reconoció la moto de Andrés Felipe. Se acercó y el mundo se le vino abajo: era su hermano menor quien estaba sin vida sobre el asfalto. Una hora después llegó el padre de Andrés Felipe,corrió, empujó a las personas que intentaron detenerlo, miró y lo vio allí, sin vida, con los ojos cerrados, rodeado por un lago hemático. No lo podía creer. Lo abrazó, lo gritó, lo lloró. Aún tibio, pero ya sin aliento.
Tras el trágico accidente de tránsito, las autoridades policiales llegaron al lugar para asegurar la escena, mientras funcionarios de tránsito efectuaron el croquis del accidente, levantaron el informe oficial e inmovilizaron los vehículos involucrados, los cuales fueron llevados a los patios mientras se adelantan las investigaciones correspondientes.
El grupo de criminalística del Instituto de Movilidad de Pereira realizó la inspección técnica del sitio y del cuerpo de la víctima, que fue trasladado a Medicina Legal para los procedimientos forenses.
Su vida
Andrés Felipe era el menor de siete hermanos, un joven de campo, trabajador. En el día laboraba como agricultor, y en las noches, se convertía en DJ, muy conocido en Pereira. Estaba enamorado, feliz. Su novia le había comprado un tiquete para que viajara a España a reencontrarse con ella. El vuelo estaba programado para el 7 de agosto, el día de su cumpleaños. Vivía en el corregimiento de La Florida con su familia, quienes hoy no entienden cómo la vida se les fue de las manos en segundos. Lo recuerdan alegre, amiguero, buen hijo y noble. Ahora solo queda el vacío, el silencio en la casa, y una maleta que nunca se va a desempacar.
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